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El andurrial de Espuma

Bienvenidos a todos los que quieran darse un baño de burbujas literarias.

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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2014.



Infidelidad

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Yo vivía tranquila, confiada, hasta que me lo confesó todo; me había sido infiel. Dijo que fue una aventura sin importancia y que tenía que  contármelo para quitarse de encima aquella angustia que lo envenenaba. Hoy soy yo la que no vivo, disimulo, pero no me fío de él y cuando va al trabajo lo imagino en brazos de una mujer,  si sale de casa creo de verdad que está con alguien y si se queda intuyo que está pensando en otra.  A él lo veo  contento… no hay derecho. Me adjudicó su pecado, su culpa la descargó sobre mí, y, vaciado de todo, se ha quedado tranquilo, y ahora soy yo la infeliz, la que no vive, pensando día y noche en su deslealtad, en lo que ocurrió y en si volverá a pasar.

Hubiese preferido que callara y sufriera él los remordimientos de su culpabilidad, no yo.  

01/07/2014 10:20 e1s2p3 Enlace permanente. Espejos de Espuma No hay comentarios. Comentar.

El bucio

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En aquel pueblo, desde tiempos tan distantes que ni los más viejos recordaban, se soplaba una caracola cuando alguna mujer había sido infiel a su marido; algunos jóvenes pícaros se reunían en la noche y fracturaban el silencio con lamentos de bucio revelando así a la aldea entera que había una adultera.

Maribel escuchó el retumbo estando ya a punto de acostarse junto a Julio, su marido. Éste se alzó, apoyando los codos en la cama al oír el sonido, y sonrió  socarrón, tanteando quién sería el desafortunado cornudo.

Maribel no dijo nada, en un mar de dudas, se preguntó si Anselmo, su amante, estaría ya dormido y si lo despertaría el sonido de la acusación que vociferaba sus amores prohibidos.

Aunque… acaso ese bucio no silbaba por ella. Tal vez la gente ya se había enterado de las infidelidades de Dolores o de Milagros o de los amores ilícitos de Rosa... o de los de Julia o quizá de Ana, incluso podría ser por Jacinta o su prima Carmen.

 

Nota informativa: En los pueblos canarios, en los años 20, 30, 40 e incluso más adelante, cuando una mujer era infiel a su marido y se enteraban algunos de sus habitantes, enseguida se lo comunicaban entre ellos y los más jovenes solían, al atardecer o al amanecer, soplar una caracola, llamada bucio en Canarias, para alertar a la gente del pueblo de que había una adultera. 





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