¿Y la barca de la Parca?

Doña Angelines, cruel y desconsiderada, era el calvario de su familia. Testaruda mujer insufrible que prometió que ni la mismísima muerte se la llevaría de este mundo.
La Casa de la Hiedra, así llamada por la frondosidad que cubre sus paredes, es lóbrega y hoy en día ningún ser viviente osa morar en ella, pero fue en sus tiempos un hermoso caserón dónde la familia subsistió con buen acomodo, —aunque desdichados por la iniquidad de la pérfida— y allí seguiría el clan si la Parca no se hubiera limitado a pararle el corazón a la arpía, sino que tendría que haber acabado su trabajo llevándola al Más Allá aunque fuera aferrándola por el cuello con la guadaña.
Doña Angelines sigue ahí, a pesar de que hoy hace cincuenta y tres años, seis meses y dos días que fue enterrada en el cementerio del pueblo, esperando que descansara en paz por fin y dejara descansar, que era lo primordial. Su ya pelada osamenta se halla sepulta en el rincón derecho del camposanto pero ella sigue en La Casa de la Hiedra. No hay más que oír el estruendo que forma cada noche y sus baladros inconfundibles.
5 comentarios
gladys -
A esa Angelines hay que sacarla de ahí de una buena vez.
Piedra -
Espuma -
jolín, si lo imaginas...
Piedra, qué bueno verte a ti, que también andabas perdido. Gracias por venir a verme ¿a qué frase de García Marquez te refieres?, no me doy cuenta ahora mismo...
besos a ambos.
Piedra -
NOFRET -