El grito

Después de la gloria y la popularidad en la que se sintió, no el rey de la selva sino el rey del mundo, Tarzán de los monos se vio relegado por la llegada de otros héroes más modernos.
Se percató de que era sólo un personaje cuando se quedó solo. Hasta Chita dejó de ser la mona avispada y afectuosa y se volvió como él, triste y apática.
Fue entonces que discurrió que al menos se sentiría más vivo si pudiese lanzar su glorioso alarido, aquel grito salvaje que tenía el poder de quitarle el estrés que a veces, en los buenos y prolíficos tiempos, lo asfixiaba.
Con un esfuerzo sobrenatural logró meterse en la mente de su actor preferido, el que mejor lo remedaba, Johnny Weissmüller, el cual, ya viejo y achacoso y sin saber bien la razón, de pronto, se volvió a sentir un superhombre y aunque su cuerpo no obedecía a su bravura, su garganta gritó al mundo que, o bien Tarzán no había muerto o bien él se había vuelto loco.
3 comentarios
Espuma -
mil besos
NOFRET -
Qué alegría leerte de nuevo, Espumosa! (veré si me sale el grito para festejar!)
Sisebuta -
Cómo me gusta intuírte.
Te echo de menos y te mando todos los abracitos que me quedan entre los brazos.