Sin rastro del ente sin rostro

El engendro cubría su cuerpo con un largo manto negro con capuz y, a pesar de que jamás vi su rostro, sabía que era horrendo. Su alargada sombra hostigaba a mi persona sin descanso, en perpetúo acoso, con sus ojos ardientes y sus garras de afiladas uñas.
Siempre lograba su propósito; aterrorizarme, tratando de asirme para, quién sabe si llevarme a las profundidades del averno, y yo, contrita ante su presencia, sólo ansiaba escapar, escapar o morir para terminar con esta agonía.
Ocurrió que una vez, el ente, logró aproximarse demasiado a mí y el hueco negro que era su rostro quedó pegado al mío y sus ojos de fuego inflamaban mi cara. Esta vez, —pensé, — no habrá escapatoria. Pero, acaso por el afán de supervivencia o quizá por lo contrario; concluir de una vez con el martirio, agarré su capuz y tiré de él con todas mis fuerzas, quedando su rostro al descubierto.
— ¡Ahhhhhh! —grité aterrada, aun sin haber visto la faz maldita. Pero cuando, ahíta de terror, levanté la vista para mirar lo que acaso sería mi última visión, resultó increíble, pues, el monstruo, muy enojado, me gritó.
— ¡Nunca te han dicho que no se debe descubrir a un carnavalero!
Y huyó enrabietado.
Jamás volví a verle en mis pesadillas.
Por cierto, su cara era... ¿qué más da? Seguro que algún día también vosotros tendréis el coraje de quitarle el capuz, porque seguro que ya lo habréis visto en vuestros propios sueños ¿no?
3 comentarios
NOFRET -
NOFRET -
Ahora tendré pesadillas... aunque podré quitarles la capucha! ;)
Gladys -