El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008. 11/04/2008¿Y la barca de la Parca?![]() Doña Angelines, cruel y desconsiderada, era el calvario de su familia. Testaruda mujer insufrible que prometió que ni la mismísima muerte se la llevaría de este mundo. La Casa de la Hiedra, así llamada por la frondosidad que cubre sus paredes, es lóbrega y hoy en día ningún ser viviente osa morar en ella, pero fue en sus tiempos un hermoso caserón dónde la familia subsistió con buen acomodo, —aunque desdichados por la iniquidad de la pérfida— y allí seguiría el clan si la Parca no se hubiera limitado a pararle el corazón a la arpía, sino que tendría que haber acabado su trabajo llevándola al Más Allá aunque fuera aferrándola por el cuello con la guadaña. Doña Angelines sigue ahí, a pesar de que hoy hace cincuenta y tres años, seis meses y dos días que fue enterrada en el cementerio del pueblo, esperando que descansara en paz por fin y dejara descansar, que era lo primordial. Su ya pelada osamenta se halla sepulta en el rincón derecho del camposanto pero ella sigue en La Casa de la Hiedra. No hay más que oír el estruendo que forma cada noche y sus baladros inconfundibles.
17/04/2008Juan Cuco avante, con su ayudante![]() Juan Cuco, el detective más farruco de Valleoveja, lanzó una queja. — ¿Quién limpió esto?—gritó molesto. —Yo he sido, es que soy muy pulido, señor. Y daba mal olor. — ¡¿Es qué no vio que era el arma del asesinato, Honorato?! — ¿Ese gato? — Sí, este minino… ¿de quién es este animal? —De Pascual, el mayordomo… Mire, tiene erizado el lomo ¿Es ese felino el asesino? —No, es el arma ¿Tendrán alarma? —preguntó Juan mirando en rededor. —Está averiada, señor. —¡¡Marramiaúo!! —dijo el gato con fiereza, y saltó con ligereza al suelo. —¡Mire qué tieso el pelo! —gritó Honorato, turulato, mientras el bicho corría encrespado y arañaba, por capricho, todo el entarimado. —Honorato, mi olfato dice que tenemos al asesino. Opino, muy cabal, que es Pascual. — ¿Cómo? ¿El mayordomo? Improbable. — ¡Oooh!, hable, desembuche. Pero primero escuche: me dice que en la mansión sólo estaba Pascualón. Tenemos un difunto; un ladrón, barrunto. El gato, Honorato, que causó esos zarpazos, en la cara, en los brazos…y le sacó los ojos, con arrojos, es del tal Pascual. Él le lanzó el felino al manilargo y, después, al ver su desatino, se dijo, “me largo”. —Bueno señor, no es mala componenda la suya pero, comprenda que arguya que eso es incoherente. —Qué inteligente. Y dígame Honorato, ¿cuál es su dato? ¿Qué fue idea del gato?, ¿eh? elucídeme este laberinto. —Señor, yo sólo sé que Pascual es el extinto.
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