El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007. 06/07/2007El Teide![]() Elegido Patrimonio Natural de la Humanidad. ¿Veis que foto tan hermosa? La sombra del Teide en la Gomera. Esperemos que siga así de dormidito mucho tiempo.
18/07/2007Tertulias maravillosas![]() Hace algún tiempo le regalé a Celia un chal y ella, después de tocarlo mientras lo olía, me dijo— Es muy bonito, de color azul, como el cielo. — ¿Cómo sabes que es de esa tonalidad? —le pregunté atónita. — Bueno, ya sabes que los ciegos desarrollamos los otros sentidos —manifestó ella. — Claro —exclamé— pero, ¿puedes saber el color de las cosas con el tacto? — No boba, —rió jovial— es con la nariz. — ¿Oliendo? Vaya… ¿Y qué olor tiene el azul? ¿A cielo?— inquirí burlona. — Pues sí querida prima; el cielo huele a frescor, a céfiro, a rocío; a azul. Aquí en el pueblo es fácil olfatearlo. —Vaya… —señalé alucinada— un día de estos tendré que oler el firmamento pero no sé cómo se hace. —Sólo tienes que subir a un lugar alto, cerrar los ojos y concentrarte aguzando tu apéndice nasal, como si tú, entera, fueses nariz. —indicó afable— Lo que ocurre es que los ojos son faros que deslumbran a los demás sentidos, cuando se apagan, las otras percepciones se vuelven poderosas. En la actualidad, que padezco esta ceguera legado familiar debido a la glucosa en sangre que padecemos algunos de nosotros, pienso de verdad que los colores exhalan olor; estoy aprendiendo a olerlos. Le comenté a Celia que la tarde pasada había olido el cielo pero me olió a plumas. Ella respondió muy seria: —Eso es sólo cuando pasa un ángel. 24/07/2007Dilemas de última hora![]() Aquel millonario quedó totalmente persuadido la duodécima vez que se lo oyó decir a don Fermín en uno de sus sermones del domingo: “en verdad os digo, queridos feligreses, que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos”. Y resolvió donar toda su riqueza a los pobres, quedándose en la total indigencia. Ocurrió entonces que, al convertirse en un menesteroso, su mujer lo abandonó y sus hijos desaparecieron como por ensalmo. Las amistades lo repudiaron y todo el mundo le cerró las puertas. Solo y abandonado a su suerte, el mendigo pedía misericordia en la puerta de la iglesia a la que tantas veces asistió como opulento feligrés, comía en albergues y dormía en un banco del parque. Así subsistió, confiado en que su atroz sacrificio le valdría la gloria eterna. Fue cuando su cuerpo, maltrecho y abatido, rehusó seguir viviendo, notando ya cercana su muerte, que miró receloso al cura que le velaba en su agonía, y acongojado dijo. —Y ahora como para que no exista el Cielo, padre Fermín. |
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