El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007. Parangones![]() Todos sabemos que Tomás es un gallina. Pedro, que es tan bravo como un león, no soporta su cortedad, lo mismo que Lorenzo, excelente imitador, talmente como un mono, se burla de Tomás haciendo ademanes jocosos. Incluso Jacinto, cegato como un topo, percibe la pusilanimidad del cobarde y le increpa, no de la manera que lo hace Roberto, que llega a insultarle por su mengua; siempre estamos temiendo que Rob, que tiene menos seso que un mosquito y es tan fuerte como un toro, lo golpee. Si eso ocurriera sería terrible; Tomás es endeble además de asustadizo. Carlos, rastrero como una serpiente, está siempre adulando a Pedro, que es el jefe de la pandilla, en cambio Eusebio siempre al acecho para atrapar cualquier despojo; si no fuera por su risa de hiena lo cotejaría con un buitre carroñero. Me agrada examinar a mis amigos para conocer cómo son, sus flaquezas y sus valores, porque es así como después puedo describirles, no en vano me apodan El Loro. Retazo inédito de un cuento![]() —No gracias, no la necesito —me contestó Blanca Nieves cuando le ofrecí una cuchara. Y cogiendo por un asa la sopera, que contenía el almuerzo de todos, se la bebió de un sorbo. Una invitada muy descortés. Eso creo yo. Gruñón.
La decadencia Las diosas se miraron coléricas; sus armaduras fulguraban al sol. Los yelmos, ajustados, conferían a sus rostros una semejanza asombrosa. —Yo soy Atenea —gritó la una—, hija de Zeus, dios de dioses. De su cabeza nací, ya guerrera, virgen y casta. Tú, suplantadora, ¿quién eres?¿Por qué te pareces a mí? —Mi nombre es Minerva —aulló la otra—, hija de Júpiter, dios supremo. De su cabeza surgí ya aguerrida, incorrupta y virtuosa... ¿ Y tú impostora, por qué posees un rostro igual al mío? Ambas bramaban, al tiempo que se disponían para la lucha; bravías, enfurecidas... Y comenzó ésta, fraguándose ardua, feroz y cruenta. Al término, Atenea yacía en el suelo, con una lanzada profunda y mortal en el pecho. Minerva, en idéntica postura y con pareja herida, se desangraba agonizando. Más tarde se enfrentarían Zeus contra Júpiter, Venus y Afrodita, Poseidón y Neptuno... para terminar derrotados ante el Gólgota. El Entretenimiento: Arenga rimada entre Baldomero y Celestino![]() B. - ¿Es el sol aquel lucero que brilla allá en lontananza? C.- No. Es el ojo de Constanza que mira con desafuero. B.- ¿Decís el ojo? ¿Acaso es tuerta? C.- Sí; se atizó con el cerrojo mientras cerraba la puerta. B.- ¡Santo Cielo! ¡Mala suerte! en verdad, malaventura. Mas, es peor aun la muerte que a Esa nadie la cura. C.- Ciertamente; que no venga, mas son sus males a pares, que la dama quedó renga cuando se hallaba en los mares. B.- ¿En los océanos viles? ¿acaso estuvo luchando con piratas zascandiles?
C.- Pues no, que se hallaba solazando en el mar de Los Candiles. Tenía ella quince abriles cuando quedó cojeando. Ya sabéis, que hay a miles, en esas playas nadando, de tiburones, estoy hablando...
B.- ¿Decís que los tiburones mutilaron la pierna de la mujer? ¡Indescriptible llega a ser! Mas, decid, ¿hasta los jamones? C.- Hasta la misma bragadura, que si no es por un marino que la agarró..., un tal Rufino, no lo cuenta, la criatura. B.- Pero... ¿se estaba bañando en piélago tan bravío y fiero? ¿Un baño se estaba dando? C.- Que no, señor Baldomero, que tan sólo estaba holgando, metió la pierna primero, para irse refrescando, pues aún siendo en enero el sol estaba abrasando, sentada estaba, en lindero, y donde el mar iba dando, y el talón hundió ligero... B.- Deduzco. Los peces iban pasando... y... ¡Es tremendo Celestino! ¡Cada cual tiene un destino! y aunque vayáis soslayando... Pero aún sigo pensando que fue propicio su sino. La muerte estuvo rozando... C.- Cierto es, pero hay más penas, para la pobre Constanza, y es que esa dama tan buena... ya veis, sufre malandanza. B.- ¿Más desgracias? ¿Más reveses? ¿Y qué más cuitas padece? ¡La vida es tan vil a veces!
C.- De un brazo sufre carencia y de la otra mano, tres dedos, no inquiráis por la incidencia que nada sé de sus ruedos. B.- ¡Cielo Santo! ¡Santo Cielo! ¡Tuerta, lisiada y manca! ¿Y es calva o posee pelo? C.- ¿La conocéis? Sí que es calva, como, del río, el guijarro, y es que una vez se echó barro, que le afirmó una tal Alba que era eficaz para piojos, mas todo era un desbarro y Constanza, cual despojo, con calva monda y lironda, la interpeló con enojo y la tal Alba, por hacer ronda, contestóle sin sonrojo: -¿Qué no es cabal para piojos? pues tu mollera redonda libre está de esos gorgojos. Y mientras, reía, oronda. B.- Coja, manca, calva y tuerta... no cabe más desventura, mejor que estuviera muerta y así se arranca su agrura. C.- ¿Muerta? ¡Vos os contrariáis! ¿no dijisteis que la Muerte es temible y sin enmienda? Mirad bien lo que opináis que vuestro juicio no es fuerte. ¡A vos no hay quién entienda! B.- Cierto es, mas vos sabéis que tiene pocas bonanzas la pobrecilla Constanza... C.- Ninguna tiene, la desdichada, mas, como no existe... pues que si no esta charada sería azarosa y triste. ¿Quedó bien la parrafada?
B.- Regular: y de refinarnos hemos, Mas, mejor esto que nada, que estos juegos tan jocosos que vos y, yo junto, hacemos, me agradan más que los cosos, y que las justas o las gradas; ¡Me embeleso cuando gloso! C.- ¿Mañana a la misma hora? traeré nuevas andanzas ¿Serán de la triste Constanza? ¿O acaso de la gentil mora? B.- Mañana, mi buen Celestino, yo discurro el personaje, que es mi turno y yo imagino. Encarnaremos a un paje, e hilvanaremos su sino, sus peripecias y gajes.
C.- Convenido está, en tal caso, que es instancia razonada, ¡Hasta más ver, Baldomero! me voy dando el primer paso que la ruta es dilatada. B.- Con Dios vayáis, Celestino, y bien tomad estas viandas para abreviar el camino, que todo varón que anda la panza le forja trino y se agita con demanda. Os dispuse hogaza y vino.
C.- Agradecido me hallo, os devolveré el halago que obligado es Celestino. Mañana mismo lo hago. y más no hablo, ya callo, y me alejo. Adiós, vecino. B.- ¡Ah, ya está cantando el gallo! Con Dios, mi buen Celestino.
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