El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007. 11/04/2007Rosas rojas para un amante póstumo.![]() Cada vez que iba a visitar la tumba de su esposo, Claudina se abstraía mirando la foto, en blanco y negro, de Nicanor Lorente Arias, muerto a los 45 años, y colindante al nicho del marido Era muy guapo; bien peinado, con un bigote recortado, un lunar en la mejilla, y aquella mirada apacible y seductora que trasmitía placidez y simpatía. Claudina se sentía cada vez más atraída por el anónimo difunto, fallecido en 1.948, y tanto fervor iba acumulándose en su alma que, un día, decidió llevarle rosas, y luego otro día y otro. Actualmente, Claudina acude al cementerio eufórica, con dos ramos de flores; las blancas, que simbolizan el decoro y la honestidad y que deja con descuido, mientras susurra una desangelada oración, en la tumba de su cónyuge. Las rosas rojas, que representan la pasión, son para Nicanor, su amante secreto, con el que ha mantenido tantas oníricas noches de amor y frenesí y con el que ahora platica de sus más íntimas aspiraciones. 27/04/2007Sombras![]() Don Fernando anda inclinando la cabeza, renqueante y absorto en sus pensamientos; como si ya la intolerancia no obrara emoción en él. Lo vemos alejarse despacio, dejando atrás ese halo de decrépita ancianidad, propia sólo de las personas que en su juventud fueron opresivos. Juanjo no habla ni yo tampoco; a los dos se nos agolpan en la mente y en el corazón aquellos terribles días de nuestra infancia. Vívidos acuden a mí los recuerdos, como saetas que nunca dejaran de acosarme. —Es decir... —exclama Don Fernando, agitando de un lado a otro su temible rebenque— no te sabes la lección porque has tenido que ayudar a tu padre a cuidar las cabras. —Sí — balbuceé con angustia. No es tan escalofriante el látigo como sus ojos grises, tan crueles e implacables. Siento sus azotes en mi cuerpo mientras trato de aguantar sin un gemido; para ello pienso en mi padre y le veo sonriéndome al tiempo que me revuelve el pelo. —Miguel... —me dice padre satisfecho— gracias por tu ayuda. Sonrío y este mohín es hiel para mi maestro; el rebenque fustiga más enérgico. Hace tiempo que don Fernando ya no nos causa miedo sino desasosiego y una sensación de lobreguez asfixiante. |
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