El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2006. Fuerteventura, esa isla asombrosa![]() He estado en la isla de Fuerteventura pasando unas minis vacaciones; realmente y a pesar de ya haber estado allí, esta vez la admiré mucho más. Es Fuerteventura una isla árida, de montañas baldías que inventan un paisaje que parece irreal. En algunos miradores pudimos contemplar sus valles, casi pelados, dónde destacaban las casitas de los pueblos, uno aquí, otro allá, con sus altas y elegantes palmeras canarias; las támaras. Sin embargo son sus playas, extensas, de arena blanca y mar cristalino, lo que más nos sedujo. Por las mañanas, al bañarnos en las playas de sotavento, casi con bajamar, los miles de peces plateados se arremolinaban en torno a nuestros cuerpos, peces que parecían querer darnos la bienvenida a sus aguas limpias, sin contaminar, juguetones ellos, se arrimaban mucho a nosotros, pero cuando tratábamos de tocarlos desaparecían vertiginosos para volver enseguida a rodearnos centelleando entre las aguas. Una maravilla. Las carreteras son largas y rectas, serpentean entre llanuras despobladas, aunque no tan despobladas pues las cabras, libres y radiantes, pastan sin descanso; miles de cabras aunque, la mayoría, diseminadas; blancas, negras, berrendas, marrones... las miramos sabiendo a ciencia cierta que son verdaderamente felices allí. Los restaurantes no es que sean cuantiosos pero hay suficientes y la verdad es que aquellos a los que acudimos fueron muy buenos. El pescado y la carne de cabra, junto con el queso de este animal, son los reyes de la cocina majorera, sin duda. En fin, fueron siete días maravillosos en una isla tranquila y plena de sosiego, cosa que hoy en día es difícil encontrar. Os recomiendo visitarla, merece la pena. Cuento con rima: Vela sin carabela![]() Don Gregorio, que había sido un tenorio, hecho ahora un vejestorio, no conseguía el olvido. —Yo, nieto —dijo, sin poder estarse quieto de su tembleque senil— he estado con más de mil. Gil, el retoño, aburrido de su ñoño parloteo ya manido, descreído del bureo de su abuelo, bostezaba su desvelo. — Mi consuelo, —añadió el anciano— es que supe meter mano con pericia y el contento y la delicia fue mi invento. Como pez en las aguas despojaba las enaguas; dos a la vez y hasta tres. Nalgas blancas, recias zancas…eran galgas estas mancebas, de tetas tiesas y bravas brevas; aviesas eran, voraces como lavas y capaces de llevarme al cielo. — Calla abuelo, —dijo el nieto arisco— para el disco machacón —y espetó luego burlón— ¿Está mejor tu muñón? Hoy no pareces tan bizco… ¿Y ese mal del corazón, va mejor? ¿Funciona ya tu riñón? ¿Y tu mollera chambona? ¿Está peor tu ceguera? ¿Qué tal la artrosis? ¿Te has tomado ya tu dosis? ¿Y tu esclerosis se ha calmado? El viejo, escamado y astuto, refutó en un minuto. — De no heredar mi natura te sulfuras; cierto que mi cuerpo está lleno de fisuras, maltrecho y hecho una calamidad; gajes de la edad no del oficio, pues el aparejo sigue patricio y lozano. Tirano es mi organismo; no me deja hacer lo mismo que antaño cuando cabales siguen el vigor y tamaño. Y no es treta. Y abriéndose la bragueta mostró en todo su esplendor fogoso, un falo erguido y fastuoso. Memorias de la infancia![]() Doña Brígida andaba despacio, como si nunca tuviera prisa. Su sempiterno atuendo era un pañuelo atado tras la nuca y un delantal desteñido con bolsillos, donde iba metiendo todo aquello que tuviera algún interés para ella; papeles, un clavo, un trozo de cordón... Doña Brígida, la ventera, estafaba al pueblo entero y lo hacía con una afabilidad embaucadora y una labia pasmosa, aunque nunca nos engatusó su sonrisa pícara. Pero no había ningún otro sitio donde comprar, y lo más importante; ella nos fiaba todos los suministros, para pagarlos cuando recogiésemos la cosecha de las papas, así que nos dejábamos estafar sin remedio, apretando los dientes y dejando que apuntase en el cuaderno de los fiados las compras diarias y un poquito más, o viendo cómo su báscula nos robaba 50 gramos de tocino o un puñado de guisantes. La ventera se volvió rica y envió a sus hijos a estudiar lejos, como los del cacique o los del alcalde. Entretanto, los demás niños nos quedamos en el pueblo jugando a ser pilotos o médicos, devorando con ansia los escamoteados garbanzos con gorgojos de doña Brígida y suspirando por, sólo contemplar, los flamantes juguetes que los hijos privilegiados ostentaban con regodeo todos los veranos. |
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