El andurrial de Espuma
Bienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.
 Mi abuela Coralia adoraba fumar en cachimba. Oculta en el sótano, expulsaba volutas de humo azul que se disipaban en el aire. Desde la habitación de arriba, mi hermana gemela y yo, con ocho años, la espiábamos por un agujero que las tablas del piso, ya desgastadas, nos habían dispensado. Abuela fumaba con entregado placer y su pipa, de color azabache con adornos plateados, se mecía en su mano con delicia. Sólo cuando fumaba su rostro resplandecía y, aquel halo de felicidad, la hacia parecer una chiquilla. Si oía algún ruido, presurosa, apagaba la cachimba y la escondía en un orificio de la pared. Entonces nosotras, desilusionadas, abandonábamos nuestro mirador. Cuando crecimos nos enteramos de que aquella cachimba había pertenecido a mi abuelo, muerto cuando nosotras teníamos apenas seis años. Fue mi abuela la que nos informó. —Cuando fumaba era como si estuviera besando a mi amor otra vez... —nos dijo, nostálgica de las sensaciones que antaño la complacieron tanto. El tiempo borró de la boquilla de la pipa, la esencia de mi abuelo. Con ello desvaneció también el deseo de fumar de mi abuela.
 Yo quisiera ser juglar de los tiempos medievales e ir con mi mandolina entonando mi trinar por territorios feudales; trovadora cantarina, rapsoda del avatar vate de ufanos modales que lleva alegre bolina y fábulas que, al rimar, agradan a los mortales; yo quiero ser andarina ir de lugar en lugar encendiendo los fanales, destapando la cortina de la ilusión secular, contando endechas navales de corsarios y marina, describiendo el batallar de los hidalgos cabales, narrando cómo culmina el cortejo del seglar de los pobres arrabales con la noble Catalina, y cómo al dragón retar fue matado con puñales por Don Alonso Medina. Yo quisiera ser juglar y loar borrando males, abriendo la bambalina del ensueño y el cantar. Carulaaaaa ¿quieres ir conmigo a dúo? yo cantaré cual jilguero, tú chillarás como un búho, ¡seremos ricas, Enferooo!
 Enfero que me regañas con ripios enmendadores ten piedad con mis marañas pues refutan con rencores y arguyen con feas mañas del alma los sinsabores; sabes bien que son hurañas las emociones de amores que surgen igual que arañas bramando como tambores mostrando aciagas calañas para exponer sus dolores. Carula ¿tú no te dañas cuando penas desamores y escribes cual si legañas tuvieras en los censores? ¿no te aúnas con pirañas para morder sin pudores teniendo al corriente sañas desdeñando los valores y al mundo entero le gañas sin convenirte las flores? Contéstame, y sin patrañas, repruébame mis clamores que sé bien que las castañas, aunque produzcan picores, ricas son ...si las apañas.
 ¡Buaaaaaa! ¡Buaaaaaaa!  Andaba yo de recreo allá en el Teide nevado y no era dando de paseo, que vi de pronto, embalado, al Joseme ¡ay!, ¿qué veo? ¡El Joseme, que lanzado, lo trepaba... y sin arreo! -¡Joseme!, -grité- ¡tás pirado! y él contestóme a boleo -¡Subo al Teide inmaculado para apagarle el cabreo! Y es que el Teide está bufado, lanza humo con jadeo, creo que anda enojado por tanto ultraje en rodeo. José sube acalorado con esquís hace ladeo cual atleta ejercitado, hace flexión y hace arqueo. ¡¡¡Joseme!!! -¡¡¿Qué llevas para el fogueo de mi Teide idolatrado?!! ¡¡¿Agua, sifón o manteo?!! pregunto a grito pelado que ya casi no lo veo, ¡Joseme trepa lanzado! Mas, sí que oye mi voceo y contesta ilusionado. -¡¡Llevo mi alma a pareo con mi ensueño más preciado, llevo tomillo y poleo y un poema esperanzado, llevo el valor de Perseo y el albor vivificado, y en mi mochila acarreo un lazo verde azulado hecho con el burbujeo de un piélago sosegado, con los sueños de Morfeo y del cielo despejado!! Y Joseme, cual Romeo de armonía cautivado, se evapora, en un meneo, en la cumbre de mi amado, guanche pico con albeo de encaje blanco bordado. Yo esto no me lo creo ¿será que lo habré soñado? ¡Suerte, poeta! :o)
 Sapiencias del monje Del tomo yerbero: curaciones y alivios del alma y del cuerpo. El hinojo.
El hinojo es una yerba que cura todos los males del bandullo: elimina las flatulencias y calma los retortijones causados por opulentas y opíparas pitanzas —mal del que adolecen muchos prójimos, ávidos glotones de manjares pringosos y orondos tocinos—, el hinojo es el amigo del vientre, dando bonanza y bienestar a la tripa. Forja, el hinojo, que las ventosidades se obren más espaciadas, menos ruidosas y no desprendan desmedido tufo. Hay personas que padecen la indisposición de expulsar vientos en abundancia, lo cual repercute desfavorablemente en su existencia causándole, esta fea lacra, ansiedad y congoja; este quebranto desparece si toma cada día tres tazas de hinojo, repartidas según su antojo. Aunque la primera de las jícaras ha de ser tomada en ayunas, pues es sabido que las tripas se hallan, entonces, libres de alimentos y por lo tanto más propicias a absorber los benéficos efectos de la yerba. Las dolencias del mondongo, ocasionadas por no mascar bien las viandas, se alivian tomando una tisana de hinojo mezclada con menta. Los males de la mujer se aplacan tragando una pócima hecha con hinojo y dándose restregones en el bajo vientre con dicha poción. Asimismo, esta beatífica planta, es provechosa para la vista y aquellos prójimos que padezcan por tener los ojos enardecidos e hinchados debe enjuagárselos con un cocimiento obrado con hinojo y mezclado con manzanilla. El hinojo es un arbusto que se yergue, egregio y glorioso, desplegando sus umbelas de florecillas doradas para que todos los insectos, atraídos por su grandiosidad, se arrimen a ella y la fecunden. Existe una yerba semejante al hinojo en su apariencia pero, en lugar de curar los males los acrecientan y forja otros aún peores, entre ellos el incremento de las ventosidades con pestilencia insoportable, las cuales llegan a ser desenfrenadas, fraguando incluso que cuando el prójimo conjeture que sólo va a expulsar gases, llegue a evacuar diarreas incontinentes, liquidas y apestosas. Enfermedad llamaba “flojera de vientre”, que es muy dolorosa y bastante violenta, por lo que el enfermo no puede siquiera salir de su morada, so pena de aflojarse en cualquier momento. Este ponzoñoso arbusto se muestra parejo al hinojo, por lo que debemos ir con comedimiento al recolectar, pues tal diabólica planta se enmascara, cual si fuera matojo del mismísimo Luzbel, para forjarnos deterioro en el cuerpo y con ello terciar al detrimento del alma. · Fray Jacinto. *Año 1.532 de Nuestro Señor Jesucristo.
 Yo búho quisiera ser para encajarme en lo alto de una rapsoda de ayer, de una rapsoda mujer, en su pelo de cobalto. Lanzaríamos quimeras viajando de cueto en cueto y allá en las horas postreras haríamos amuleto de cualquier flor en aprieto, de corolas lastimeras que ponernos en el peto. Retaríamos al cielo recitando las canciones inspiradas en hurones o emanadas desde el hielo, seríamos campeones en embargar a un abuelo con la voz de terciopelo volcada en bellas pasiones. Como el viento nos llevara de vueltas por el planeta, a mi rapsoda la esteta, buscaría que inspirara desde la A hasta la Z, no una mosca o una cuchara sino la extraña veleta de un castillo con menara que a los dragones parara y a Medina y a Pizcueta por la noble Catalina, que por ser dama tan fina tiene seno en vez de teta. Pero qué digo, qué apuesto, soy anónimo y disfruto de este estado si me acuesto, o cuando tengo impoluto de carne fresca o de fruto mi casa, el carro o el cesto. Y vamos... que ni me inmuto, o me pongo un nombre presto: veamos, soy... ¿Sisebuto? ¿Es este un buen atributo para un búho señorito? Decid algo sobre esto... que he pedido ayuda a grito para no llamarme Ernesto, que es este un nombre funesto, venga, juglar, yo lo admito, soy un búho y no discuto, pero dime si permito que me llamen Sisebuto...
 Si te llamo Sisebuto, Enfero de mis entrañas, engaño y digo patrañas, pues te trueco y te permuto por varoniles calañas, y dime tú ¿esas pestañas grandes, tupidas, confuto, como patitas de arañas, son de las mujeres mañas o son del macho atributo? Y dime Enfero, ¿esas posas como sandías, orondas, de bamboleos y rondas, con sus meneos de diosas, de curvas bellas, redondas, no son de femíneas frondas?
¿Y esos molletes de rosas y esos labios encarnados? ¿Y esos guiños camelados y esas mejillas pecosas? ¿Y esos andares osados y parpadeos mimados? ¿no son de mujeres cosas?
¿Y esos senos empinados y ese talle cimbreante y esa cadera ondulante y esos ojos maquillados? ¿no son de fémina plante por detrás y por delante y visto de todos lados? Pues después de este cotejo, amiga de aneja ruta, yo enarbolo mi batuta y como buen aparejo te llamaré Sisebuta, que siendo tú dama astuta y no un machote con rejo, sería yo artera y bruta, e infame como cicuta, si a una mujer asemejo cambiándole su viruta, con este apunte y minuta, por la de un viril hollejo.  Sisebuta, Sisebuta dame un beso en el cachete y no pierdas el carrete que eres Búha con birrete y de ralea impoluta. ¿Habrasé visto qué bruta? Sisebuta me da un beso Y yo, con tanto embeleso, no apunté a darle regreso después de engullir mi fruta. ***
¿Es que no hay búhas mujeres? ¿O éstas son las lechuzas? ¡Qué embrollo de pareceres! no hay merluzos, hay merluzas, lo digo “pa” que te enteres, que bien están caperuzas mas caperuzos no vieres; verás buzos, mas no buzas, que bien fueres o vinieres, las buzas están marfuzas, ¡Cielo Santo, más enseres! Espuma la vista azuza que quiero ver cómo eres, ¿Eres Búhita sin chuza? ¡Carulaaaa! ¡qué me liberes! que Espumilla el tino aguza pero no encuentro alfileres para trabar la gamuza. ¡Sisebutaaaaa, qué te esmeres! ni atino a escoba ni bruza para ordenar tantos seres; macho con hembra se cruza y yo quiero que cooperes, ¡Sisebutaaaaa, desmenuza!
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