El andurrial de Espuma

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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2005.

Fulana y mangana

cheque.jpgVino llorando a mí y me ofreció la pulsera de su bisabuela; era un brazalete que tenía más de cien años, de oro macizo, que llevaba esmeraldas engarzadas y rubíes.
Mi bienquista vecina me dijo que estaba apurada, que debía pagar una deuda y por esa razón se deshacía de la alhaja que tenía en tan alta estima, y yo se la compré enseguida, compensando sus desconsoladas lágrimas con un cheque más cuantioso de lo que me pedía y dándole el lenitivo que necesitaba.

—Estará en las mejores manos— le aseguré mientras me apresuraba a guardar la reliquia.

Hoy, un día después, he sabido que mi ajorca no vale nada: no es de oro, las que supuse piedras preciosas son simples vidrios y de antigua, claro, no tiene ni el broche.
Mi amiga ya no vive aquí, se fue la misma tarde de la venta, alegando que debía subsanar sus débitos. Ella me dio una quincalla, estafándome, y eso me punza el orgullo. Pero me consuelo imaginando su cara de hurón encrespado, cuando el funcionario del banco le informó de la total ausencia de caudal en mi cancelada cuenta bancaria.

Arácnido

20051025162857-arana-jpg

Arácnido

Era negra, gigantesca y brillante. La veía bajar por la blanca pared confiada e inexorable.

Sus patas velludas parecían deslizarse sin esfuerzo; yo, echado sobre la cama, no fui capaz de moverme. Sus pinzas no paraban de fluctuar; sus ojos centelleaban en cientos de fracciones mientras, sin dejar de observarme, seguía descendiendo.

 

El pánico era tan grande en mi interior que creí reventar. El sudor empapaba todo mi cuerpo y mi corazón latía a un ritmo desorbitado, pero estaba inmovilizado, paralizado por su hechizo maldito. Ciertamente, las arañas son capaces de sugestionar a sus víctimas; yo estaba hipnotizado, prisionero, subyugado por aquel pavoroso bicho.

 

Llegó hasta mí y subió pausadamente por mis piernas, mi pecho..., parándose de vez en vez y vigilándome para averiguar si su sugestión seguía causándome efecto —eso me pareció a mí— cuando, finalmente, alcanzó mi cara me pareció oírla reír maléfica, insidiosa...

 

 Principió por mi cabeza; tejía rápidamente su tela y me envolvía en ella con la destreza y maestría de la más habilidosa modista.

Me fue liando, ciñendo y embalando en la tela hasta que fui sólo un paquete.

 

Mi mente horrorizada podía aún vislumbrar una solución; ella no podría arrastrarme a su guarida, yo era un peso excesivo para una araña aunque fuese tan grande en similitud a su condición.

Pero... empezó a revisarme minuciosamente moviendo impaciente sus pilosas tenazas por todo mi cuerpo y luego ávida, comenzó a chupar mi sangre succionando despacio, sorbiendo pausadamente cada gota, como una mariposa que liba el dulce néctar de una flor.

 

No me dolía, más bien tuve la sensación de que se me iba la vida mansamente, pero el horror de saber que estaba sucumbiendo, de que iba a morir, causaba en mí una aterradora conmoción, una angustia espantosa y una resistencia inútil y enloquecedora  por la  supervivencia.

 

Mi mente se fue nublando lánguidamente según ella iba extrayendo mi sangre y mi cuerpo, cada vez más débil e inutilizado, se dejaba arrastrar inerme e impotente hasta sentir como un entumecimiento soporífero me aletargaba por completo; ella continuó su labor engullidora mientras mis ojos se apagaban y ya sin brillo se cerraban a la vida.

 

Mi cuerpo momificado, plena y perfectamente desecado, fue encontrado a la mañana siguiente. Nadie se explicó que había pasado.

 

Ha pasado el tiempo y ahora mi espíritu pudo al fin, gracias a los progresos, teclear en este aparato lo que realmente me pasó en el año 1.916 en la C/ Delirio Nº 686 de la ciudad de Malaventura.

 

Avisen a un fumigador, ahora que aún pueden... nunca se sabe.

 
 




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