El andurrial de Espuma

Bienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.

Temas

Enlaces

literarias

  • http://pokitochus.blogia.com/
  • http://a_las_6_y_pico.blogia.com/
  • http://alsurdelaspalabras.blogspot.com/
  • http://cerrolaza.blogia.com/
  • http://www.cuentosdeburdel.com/
  • http://groups.msn.com/Algoparacontar
  • http://caelanoche.zoomblog.com/
  • http://joseme.blogspot.com/
  • http://blogs.ya.com/pitufinarosa
  • http://inferno.zoomblog.com/
  • http://blogs.ya.com/todowhite
  • http://luisveagarcia.blogia.com
  • http://www.miguelbueno.blogspot.com
  • http://belleenlasombra.blogspot.com/
  • http://spaces.msn.com/members/malsapo/
  • http://guallavitoclub.blogia.com/
  • http://viajeroinvisible.blogspot.com/

Mescolanzas

Espuma triste

  • http://el-andurrial-del-ripio.blogspot.com/

Otros

  • http://es.geocities.com/relatoscarmen/
  • http://www.rutaarchipielago.com

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2005.

Espuma ya tiene blog

3599.gifBienvenidos a todos los que deseen visitarme, leer y escribir.
este es el blog de Espuma.

Seis jácaras burlonas y refraneras.

hilar2.jpgHábito de esposa

—Madre: ¿qué cosa es casar?
—Hija: hilar, parir y llorar.

Hija, ilusionada, se quiere casar; se prueba el traje, se mira al espejo, ríe con malicia, sueña con su efebo.

Y llegan las nupcias y acaba la boda, pasa la luna de miel y comparecen las noches de celos y soledad; el marido se olvida de regresar a su lado.
Hija se siente abandonada y entristecida, mientras acaricia su abultado vientre, en espera de su quinto hijo.

Hila, y entre tanto llora.

Clama mientras pare.

Madre viene a verla y besa su frente, se sienta, saca su costura y teje silenciosa al tiempo que, tenue, solloza.

—Madre, ¿por qué lloras mientras hilas?

—Es que ya... parir no puedo, hija.

Entre pábulos y sahumerios

Flota entre olores de fritadas; cebolla doradita, crujientes rosquillas, croquetitas de pescado, rubias empanadas de carne, buñuelos de batata y aromas de canela y vainilla.

Extasiada con el olor de la leche frita, no se percata de que entra él en la cocina. Ella revuelve la cuajada con embeleso, oye el burbujeo de la leche y aspira su aroma meloso. La sartén borbotea, no permitiendo que la crema se aglutine y obsequia a su ama con esa apariencia color caramelo, mientras el tufo dulzón asciende, grácil, delicioso...
El hombre, taciturno, la mira; se siente excluido, arrinconado. La esposa y su sartén se elevaban gloriosas al paraíso y él ni siquiera existe en esos lapsos de embeleso.
—¡La mujer y la sartén en la cocina están bien! —le había dicho infinidad de veces; ella siempre estuvo de acuerdo.

Randas, truhanes y lucrados

—Sí, ya sé, quién roba a un ladrón tiene cien años de perdón, y don Froilán, según dicen es un manilargo, que si no ¿cómo ha llegado a ser tan rico?, que ya sabrá usted, don Pablo, que cuando el río suena, agua lleva pero, claro, la conciencia me punzaba y vine a contárselo porque lo mismo soy yo el que está errado; ya sabe, se cree el ladrón que todos son de su condición, no obstante, yo antes no sisaba ni una cerilla pero me junté con mala gente y ya sabe, dime con quién andas y te diré quién eres, en fin, que como digo fui yo quién robó a don Froilan las ovejas y los dos potrillos, pero ya es que la miseria me tiene atosigado, mis hijos no comen..., la gente nada sabe de mis desgracias, ya ve, cada altar tiene su cruz...

—Bueno hijo, no puede uno estar a Dios rogando y con el mazo dando, aunque don Froilán tenía que haber tenido más cuidado, el que quita la ocasión, evita al ladrón. Tu penitencia será: donar a la iglesia la mitad de lo que robaste, como escarmiento. Si quisiste al perro acepta las pulgas, y no sigas por el mal camino hijo mío, siembra buenas obras y recogerás frutos de sobras. Cuando salgas de la iglesia has una obra caritativa, una buena acción es la mejor oración.

Dudas razonables

—Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
—¿Y si la cincha está aflojada?
—En tal caso ha de ser porque la jaca es malcarada.
—¿Y si la yegua es muy bella?
—Entonces, el alazán es capón; no le conmueven pasiones ni gusta de los deleites que emocionan al varón.
—¿Y si el caballo es vigoroso y no carece de ardor?
—Puede que sea impúber o cegato. Acaso no puede ventear y no advierte el celo que tan tentador para otros rocinantes ha de ser.
—No es ciego el palafrén, que vista tiene muy clara.
—Entonces, y como última conclusión, prefiera el rocín otro de sus mismas dotes; que disfrute de testes y de bigotes.
—Pues andáis desacertado, ni atinasteis al principio ni a la postrera vez; el animal no relincha porque sufre de mudez.

Conjeturas puras

Mujer que al andar culea y al mirar los ojos mece yo no digo que lo sea, pero al menos lo parece.

Parece que sufre de sarna en la entrepierna, que aunque sarna con gusto no pica, irrita; natural es que se contonee para atenuar la comezón. Y si sus ojos parpadean con demasiada asiduidad, por espasmo alterado será, que la roña brota en la bragadura pero se evidencia en los ojos; ¿no son los ojos el espejo del tormento, se halle éste por fuera o por dentro?

Mujer que al andar culea, preferible que lejos se quede, que desde acullá y a la zaga, mejor se la contempla y así no distingues su mirada, guiñándote inquieta y desesperada.

Conclusión: Convulsa la dama es y de algún mal picoso padece y si no, al menos lo parece.

Ardides parejos

La avaricia rompe el saco: La primera A, aún señera, es liviana pero cuando se agrega la V, su gemela, la siguiente A, y la R, el saco se dobla soliviantado; al introducir la I, apenas se nota, pues es espigada y flacucha. La C, es hueca y parco influye en la tara; la sucesiva I, sigue siendo tan delgada como la primera pero la carga está ya muy acrecentada; el saco jadea, quebrantado, y cuando por fin irrumpe la A postrera, alborozada de encontrase con sus hermanas, el costal se repliega amenazador y, atiborrado, revienta.

Supongamos: La AVARICIA, se desparrama. Las trillizas Aes, desintegradas, la V, deshecha, la R partida en dos, las enjutas hermanas Ies, magulladas, y la C, hecha añicos.

Mejor meter el afán, el ansia o la avidez que pesan menos y no se altera el producto.

Requerimiento de una doncella

quijo3.jpgMisiva para el ilustre Don Quijote de la Mancha.

Al Heraldo:
Buscadlo donde exista gente
afín a lances, apremios o rigores intensos
Menesterosos, oprimidos e indefensos,
Allí lo hallareis, ciertamente.


¿Dónde estáis mi caballero?
¿en qué comarca distante?
¿en qué andurrial azaroso
que mi corazón ansioso
no os relega un instante?
¡Tanto, mi señor, os quiero!

He de informaros, primero,
que mi inquietud es ya gigante
que mi miedo es horroroso,
temible, atroz y espantoso.
¡Vuestra ausencia ya es bastante!
y mi pesadumbre empero,
crece con más desafuero,
siendo plena y no menguante,
ya que evento pavoroso
sucede aquí, y es forzoso,
que aparezcáis fulminante.

Os explico: en el chiquero
diez diablos chillan con fuero
en un estruendo constante;
fueron gorrinos, de porte airoso,
orondos y aspecto garboso,
—pues de cerdos fue su talante—
mas, ahora y desde enero,
se han transmutado, y reitero,
¡hoy son diablos!,y algo injuriante,
¡van desnudos! ¡es deshonroso!

Os imploro señor, no os acoso,
mas, es cosa intemperante
y juzgando que vos, mi caballero,
sois probo de juicio recto y sincero,
y notoriedad magna y galante
es menester, que animoso,
acudáis a exterminar, valeroso,
a estos demonios; no obstante,
traed a vuestro escudero
que no es cabal acudir señero
y azaroso es y es degradante
pues Satanás es malicioso
y sus demonios, y es peligroso
tratar a índole tan infamante.

Mi hidalgo; anhelante os espero
que mi calvario es madero
hasta advertiros, en mí, delante.

Con el ánimo, por veros, deseoso,

Quedad con Dios. Dulcinea del Toboso.

Espuma.
08/02/2005 13:47 Enlace permanente. Tema: Espuma rimadora Hay 15 comentarios.

Reconocimiento

doctora.jpgEl box nº 5 de Urgencias estaba ocupado con un nuevo caso, un hombre totalmente desnudo e inconsciente estaba tendido en una camilla; había sido encontrado en la calle, sin signos aparentes de violencia. Entran un médico y una enfermera. El médico se llama Marta, morena de unos 40 años y con un cuerpo magnífico; debido al calor llevan una bata que dejaba entrever claramente un tanga, los pechos se sujetaban mágicamente sin la coraza que los presionaba y estrujaba, aún más, esas preciosas glándulas.
La enfermera, Ainhoa es su nombre, una joven de unos 30 años, pelirroja y pecosa, llevaba también una bata, y su ropa era, si cabe, aún más limitada que la de Marta, un mini tanga era toda su ropa interior.
Las dos rodeaban al paciente, pretendían saber qué le ocurría, enseguida descubren, tras efectuarle un análisis de sangre, que su intoxicación etílica es intensa, aunque su cuerpo no sufría mayores consecuencias. Era un hombre joven y estaba de muy buen ver.
-Estoy un poco harta de curar a borrachos todos los fines de semana-dijo con cierto fastidio Marta.
-Tienes razón, y encima hoy es el primer aniversario de las dos en este hospital, quienes deberíamos estar borrachas y tiradas por ahí celebrándolo, somos nosotras. -¡Por cierto…!- Una mirada de lujuria corrió por los ojos de Ainhoa y fue captada al momento por Marta.
-¿No lo estarás pensando en serio, verdad?.
Sus miradas lo decían todo entre ellas. Trabajaban en urgencias, reían allí a raíz de las cosas que les ocurrían, y lloraban también por otras tantas desagradables. Pero la mente en un sitio así, se hace a todo, y en este caso había que ver el lado bueno.
Un desfallecimiento por abuso de alcohol era lo que ahora tenían delante.
El paciente era un tipo alto y bien proporcionado, en virtud de lo que se veía en la camilla. No sabíamos ni nombre ni dato alguno, pues venía indocumentado, pero la pinta que tenía dejaba vislumbrar un aire con clase y distinción, que no era lo habitual en los pacientes que nos venían a menudo con estos cuadros.
Ainhoa se mordía los labios al ver el cuerpo desnudo de este espécimen macho. Hacía volar su imaginación. Mientras le ponía el gotero con la medicación, y le cogía la vía, rozaba sus manos sobre su brazo, notando esa suavidad de su piel, experimentando tras ello, una sensación de calidez y bienestar.
Marta, mientras tanto, por otro lado, estaba viviendo esa misma sensación placentera, mientras le auscultaba en silencio. Tenía una piel tersa, joven, limpia, pelo en el pecho; el suficiente para ser varonil y no parecer grotesco y vulgar. Era un tipo bastante bien parecido y las dos estábamos a punto de hacer lo que en principio no debería hacerse con un paciente medio inconsciente.
No había abierto los ojos aún, pero entretanto ya se veía algún movimiento en él, aparte de quejidos y gemidos. No sabemos si por notar lo que nosotras estábamos notando, o porque le estábamos haciendo daño.
-¡Marta!- exclamó Ainhoa de repente.
-¡Ha abierto los ojos!- dijo Marta.
-Deja que le explore las pupilas-.
-Están bien, parece que la medicación surte efecto, temía que estuvieran dilatadas.
-Por cierto, ¿qué ojos tenemos, no amigo?-dijo Marta dirigiéndose a él con una sonrisa y acariciándole el pelo a su vez.
El no hablaba. Sus ojos claros miraban a las dos alternativamente, con aire de agradecimiento y de incredulidad.
-Creo que no sabe dónde está, ni quienes somos.
-Creo que deberíamos llevarlo a la cama del box 7…
- Ainhoa, mira a ver si hay alguien- Dijo Marta guiñándole un ojo.
En segundos se presentó Ainhoa con su rostro pecoso y pícaro, y dijo:
-No hay nadie, todo para nosotras - Y así procedieron con la camilla y el gotero al cambio de box. Se disponían, entonces, a realizar un examen más exhaustivo… y en privado.
Cerraron el box con una mampara, se quitaron las pinzas que recogían el pelo, y poco a poco se desabotonaron las batas. El espectáculo maravilloso que estaba recibiendo aquel paciente, sólo era comparado con la lascivia que emanaba de las mujeres por el deseo de degustar la anatomía de aquel Adonis.
Poco a poco se iban contrayendo los músculos. La piel se erizaba. Escalofríos recorrían los cuerpos de aquellos seres humanos. Ainhoa pasó poco a poco por la piel del paciente el guante de látex, saltando todos los resortes de la pasión. Su pene se inyectó en sangre, era como si quisiera escaparse de la piel y tomar vida propia ante ese maravilloso panorama. El paciente no sabía hacia qué lugar prestar atención y sus brazos se desplegaban hacia ambos laterales de la camilla. Del cuello de Marta sobresalía un instrumento llamado fonendo; se lo quitó para que no le molestase demasiado.
El hombre que allí yacía medio adormilado, sólo entreabría los ojos y creía verse rodeado por dos ninfas esculturales que lo manoseaban por todas partes. Él, definitivamente, no sabía a qué se debía esta pasión irrefrenable, pero desde luego no iba a renunciar a ella, aunque de un sueño se tratase.
Los efectos del alcohol producen una serie de alucinaciones de varios tipos: visuales, táctiles y auditivas. En ese momento de placidez, ese hombre creía estar poseído por las tres y, en cierto modo, le gustaba la sensación.
Marta se acercaba a sus labios, dejando caer hilos de saliva en su boca, correspondiéndole él con mordiscos en el cuello. El gozo era infinito, pues no sólo era Marta la que jugueteaba con él, sino Ainhoa que se había acercado silenciosamente a sus piernas, acariciándolas de arriba abajo, y finalmente parándose allí donde el tesoro es más preciado si cabe. Tocaba su miembro con ambas manos, poniendo atención a los gemidos que seguían en cada roce. Lamía las ingles del cuerpo inmóvil de la camilla, hasta meter en la boca el pene erguido de ese espécimen masculino.

En ese momento, él tuvo una convulsión estrepitosa debido a no controlar la situación, y sentir tanto en poco tiempo. Estar dentro de la boca de esa diosa le hacía volar sin remedio. El placer era totalmente irremediable.
Como es lógico, la aguja del gotero se había salido, pero había sido suficiente tiempo en vena, como para que la medicación administrada hubiera cumplido su objetivo. El paciente estaba más consciente, y ya podía mover el brazo a su antojo. De esa manera, podía acariciar, tocar y manosear aquello que se le pusiera por delante, y sin dilación. Marta estaba apoyada en la camilla ofreciéndole lujuriosamente sus pechos, que él no dudó en aceptar. La lengua los recorría poro a poro, sin dejar ningún lugar seco.
Entretanto, Ainhoa jugaba con el pene de este hombre sin nombre, y él experimentaba sensaciones jamás sentidas.
-¡Esto es un sueño!,¡no puede ser tanto placer sólo para mí!-pensaba nuestro amigo.
Pero no era un sueño, era una realidad y muy palpable. Marta le ofrecía los pechos como si se tratara de un niño perdido y que necesitara ayuda, al tiempo que Ainhoa se había anclado su caliente vagina en el pletórico puntal que sobresalía de la entrepierna del enfermo, comenzando a cabalgar.
Marta decidió despatarrarse en el pecho de aquel cuerpo que comenzaba a resurgir con pasión de su crisis alcohólica. Marta acercó su volcán amoroso a la boca aún pastosa por los efectos de los brebajes que pasan por “elixires excitantes”. La lengua enseguida comenzó a funcionar, buscando enjuagarse la boca con la sustancia desintoxicante que le ofrecía el líquido húmedo y pasional de aquella médico de urgencias.
La escena que se estaba produciendo en aquel box era como sacada del manual del Kamasutra. La enfermera agarró por los pechos a su amiga Marta que en esos momentos había entrado en tal éxtasis que ya no era capaz de controlar sus deseos.
Aunque los gemidos se silenciaban, la Pasión gritaba de placer y la Excitación proclamaba a los cuatro vientos su verdadera cara, sin temor a posibles repercusiones.
Poco a poco los cuerpos van adquiriendo forma de sándwich, la espalda de Marta se fue acercando al cuerpo del paciente al tiempo que el de Ainhoa se iba restregando por el de Marta. No se podía tener más deleite, ni respirar más pasión en aquel lugar. Por una vez en la vida la desgracia había huido y se había instalado la felicidad en toda su máxima extensión.
Las cámaras fotográficas no dejaban de cotillear la imagen de aquella recepción llena de rostros conocidos y famosos. Al tiempo que sus primas, las cámaras de televisión, miraban indiscretamente cualquier movimiento que los ocupantes de aquellas mesas pudiesen hacer, para luego lanzarlo a los cuatro aires.
Era un 8 de diciembre, y aunque hacía mucho frío en la calle, en aquel salón el ambiente era muy cálido. El público asistente abarrotaba el lugar. Los focos, las alfombras, los atuendos de fiesta y el glamour que se respiraba, impregnaban de sutileza el momento. El 4º Certamen del Premio Internacional de Relato Erótico, organizado por la Editorial CRB, daba comienzo.
Tras un breve discurso de varios de los asistentes que componían el jurado, y de un repaso por los títulos que se presentaban al concurso, la portavoz y moderadora dio la noticia del ganador:
-¡Señoras y señores, la obra seleccionada de este año es…! ¡URGENCIA!.
- Concede el premio el presidente de la Editorial D. Esteban Bohórquez García.
- Lo recoge su autora, Ainhoa Hernán Gutiérrez.
Se levantó, entonces, una pelirroja pecosa de su asiento, entre los lógicos aplausos del público asistente. Todas las miradas, las luces, el momento, eran para ella. Su discreto atuendo, un traje negro de viscosa, con hilos de colores se ceñía finamente, marcando sus curvas a los ojos de todos. Dejaba translucir una sensualidad fuera de toda duda. Aquella silueta se paseaba por aquel salón provocando fuertes envidias entre las mujeres y ardientes pasiones entre ellos.
Cuando estuvo en la mesa, el presidente no dio crédito a lo que estaba sucediendo. ¡Era ella!, una de las dos mujeres que le había atendido ese aciago fin de semana unos meses atrás. Su rostro debió ofrecer una expresión muy evidente, porque desde la mesa le indicaron, con un leve gesto, que entregara el premio. Y así lo hizo, no sin cierta torpeza. Al entregar la placa a la ganadora, notó el tacto, por segunda vez, de aquellas manos sedosas. Ainhoa, para no descubrir lo que estaba sucediendo allí, le dio dos besos de agradecimiento y, mientras la gente apagaba el silencio con sus vítores y aplausos, se acercó a su cara y le susurró un breve mensaje al oído.
-Tal vez en otro momento…Esteban-


Jimul; el Calavera.
10/02/2005 17:16 Enlace permanente. Tema: Jimul Hay 8 comentarios.

Solo soy espuma 1 por Mª Teresa Cobos

10.gifBlogs.ya.com Quitar publicidad

Buscador


Sólo soy espuma 1



Me despertó el rumor de un mar bravío que parecía enfadado con las rocas, salí de un sueño profundo sin memoria, con el cuerpo aún gestándose en las primeras sensaciones, respondiendo despacio a los estímulos del nuevo día por venir, no había luz, sólo el sonido de un mar furioso y una brisa fresca soplándome la cara. El cuerpo lo notaba cálido, lleno y satisfecho, encima de mí un cielo oscuro salpicado de infinitas pequeñas estrellas, a mi lado un cuerpo tibio y bien-oliente dueño de una cabeza llena de rizos suaves como la seda que aún no había despertado, una manta de lana nos servía de lecho y otra por encima nos protegía de la desnudez total en la que estábamos.

Me incorporé despacio, después de acariciar nuevamente esa corona de rizos negros como el azabache, que aún en sueños besaba la mano que lo acariciaba.

Empezaba a recuperar la memoria inmediata, aunque no la conciencia porque esta es siempre la última en despertar. Buscaba con ahínco mi ropa, no se porqué ese afán de vestirme si estaba tan oscuro, no había luna, la playa tan desierta, el único ser que no me importaba que me viera así porque me había entregado a él totalmente años antes, se encontraba profundamente dormido. No muy lejos de allí brillaba un negro mar, furioso, arrojando espuma por la boca, yo sentada tanteando entre las mantas sólo divisaba las estrellas y la espuma del mar, no tocaba mi ropa, una túnica azul marino que llevaba el día anterior, cuando salí de casa para no regresar, mi único equipaje, la túnica azul de seda, el collar de zafiros y los pendientes a juego, habían estado guardados veinte años, desde mi boda. Ahora, conservaba el collar y los pendientes y buscaba con ansiedad mi túnica azul, para vestirme, no soportaba estar desnuda.

El día empezaba a despertar tan lentamente como yo, la noche se volvía mas clara por momentos, sentí un escalofrío en la nuca de una mirada aguda como el filo de una daga, me volví bruscamente y no había nadie, me invadió una inquietud incompatible con el estado de felicidad de toda la noche, la única noche amable de toda mi vida.

- ¡No mires atrás!, me dije, no hay nada bueno para ti, por muy malo que sea el futuro no puede ser peor que lo que has dejado atrás. Mi inquietud seguía en aumento, esta vez sabía esa mirada en mi nuca, traté de no moverme, de volverme una roca, el miedo me paralizaba, el olor del mar y el ruido de las olas me habían abandonado, en su lugar un ligero golpear rítmico en un suelo duro, como el trote de un caballo en el asfalto y un olor intenso a alcohol puro o a lejía, como huele la sala de un hospital recién desinfectado. Apreté los párpados fuertemente, tratando de recuperar mi única noche de pasión, de verdadera libertad, y ahuyentar el miedo que me empezaba a oprimir el pecho Pero una mano me tocó el hombro, ya no podía ignorarlo, abrí los ojos lentamente y vi esa mano tendiéndome mi túnica, una mano blanca suave de larguísimos dedos, femenina, busqué sus ojos sin querer encontrarlos por miedo a que se me metieran dentro, eran verdes vidriosos y fríos, su cara un óvalo perfecto, en su boca una sonrisa triste como congelada, una melena larga y negra ondulaba al viento, vestía una túnica blanca, su sonrisa de puro amable me tranquilizó,

- ¡Gracias!- le dije, sin salir de mi estupor.

-¡Suerte!- me respondió con una voz tan dulce, casi cantando.

Me coloqué la túnica al instante y al sacar la cabeza la vi alejarse deprisa, con unos andares raros, desapareció en la noche, como si esta la hubiera tragado para llevársela con ella al morir. El frío se me metió muy dentro, me aproximé al cuerpo que dormía profundamente a mi lado, notaba su calor, pero yo seguía temblando, volvieron el ruido de las olas y el olor a sal, parecía un mar mucho más tranquilo, mi respiración iba retomando su ritmo, el frío interior no cesaba.

Aziz se dio media vuelta dejando caer su brazo sobre mi espalda, mi temblor lo despertó del todo.

- ¿Que te ocurre?- me dijo en un susurro.

- Tengo frío, le conteste, igual de quedo. Entonces me abrazó muy fuertemente, cubriéndome de besos y supe que era él mi único amante, el más completo, me sumergí nuevamente en su cálido abrazo, volví a olvidarlo todo, solo existía él confundiéndose conmigo, penetraba por cada uno de los poros de mi cuerpo, meciéndome en sus olas, susurrando palabras de amor. Solo esa noche mágica daría sentido a mi existencia, aunque el mundo acabara esa mañana habría merecido la pena.





No era la primera vez que esa extraña aparición con forma de mujer y patas de cabra venía a visitarme, en mi pueblo, un pequeño lugar al norte de Marruecos muchos decían haberla visto, la llamaban Aicha Kandicha, decían que era una especie de diablo, siempre la vieron al amanecer, recogiendo hierbas del suelo, otros decían que la visión iba acompañada de otras cosas extrañas, como tambores de boda, o una fiesta inexistente con muchos invitados invisibles, lo cierto es que todos le tenían miedo.

Yo la vi en una ocasión anterior, era muy joven entonces, apenas acabada la escuela primaria, ya no iba a estudiar más, ¿para qué le iba a servir a una mujer más estudios?, mis hermanos si harían una buena carrera, así en el caso que no me casara ellos podrían mantenerme, al faltar mis padres. Ya mi madre me había tomado de discípula para enseñarme a coser, cocinar y llevar una casa como Dios manda, para poder servir a mi marido y atenderle en sus más mínimos caprichos, yo pensaba que me estaba preparando para ser una criada perfecta y bien barata, pero no podía ni siquiera insinuarlo, ya había aprendido que en esta vida no tendría ni la más mínima posibilidad de elección. Mi padre en cambio se ocupaba de mí de otra manera, buscaba un novio con dinero y de buena familia, andaba en tratos con un familiar, era su misión de padre, y una vez casada la hija, su labor habría terminado.

Estas cuestiones no me preocupaban en absoluto, andaba aún jugando a las muñecas cada vez que mi madre se despistaba en su guardia y custodia sobre mí. Era la menor de cuatro hermanos, los tres varones, y la diferencia con el anterior era de cinco años, por lo que me trataban con mucho mimo, a veces me parecía tener cuatro padres y la seguridad de que nada malo podría pasarme, ni sospechaba siquiera que pudiera existir tanta luz, tras la protectora sombra que proyectaban sobre mí. Yo no sabría que no era libre, hasta mucho después.

Un día, a punto casi de cumplir dieciséis años, un fuerte olor a mar me hizo volver la cabeza, y allí en la plaza, de pie junto al puesto de pescado de su padre, un muchacho delgado, con porte altivo, coronada su cabeza con negros rizos, de tez muy clara, mejillas rojas de ardiente sol, dirigió la mirada hacia mí, sus ojos color miel me adelantaron el color de sus sueños, su dulzor me envolvió durante el largo rato en que quedaron unidas las miradas. Mi hermano el menor, que diariamente me acompañaba al mercado a realizar la compra, vigilando que nadie osara molestarme, con excesivo celo, inexplicablemente, no percibió la tempestad que siguió a ese abrazo explosivo de miradas, el velo que, caritativamente, ocultaba mi rostro a miradas ajenas, no dejó translucir mi enrojecimiento. Mi corazón se desbocó en un alocado galope, mis piernas, de repente, no soportaron el peso de mi cuerpo. Pero no llegué a caer al suelo, unos fuertes brazos me sujetaron antes del golpe, nunca sabré cómo tuvo tiempo de llegar a recogerme aquel muchacho que me sostuvo la mirada durante un instante lo suficientemente largo como para introducirme en el mundo de la mujer adulta y enamorada, la que empezaba a ser consciente de que ese mundo no estaba hecho a la medida de sus necesidades, la que estaba sufriendo una fatal metamorfosis.

Rápidamente me transportaron a mi casa, donde estuve enferma, no se cuánto tiempo....(Continuará)
26/02/2005 14:42 Enlace permanente. Tema: pitufinarosa Hay 8 comentarios.




Archivos


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.

[Blogia apoya Blogs. La conversación, el Evento Blog España y los Premios Bitacoras.com 2008 | Medio Oficial: ADN.es]