El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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El gran chupador![]() Nicolás no fue siempre un vampiro. Yo recuerdo cuando nació, era un niño regordete y carirredondo que chupaba con violencia de la teta de Rosario, su madre, un glotón morrocotudo que dejaba a su progenitora extenuada cada vez que mamaba. Nicolasín sonreía siempre y sólo lloraba cuando quería mamar, enorme suplicio para Rosario. Cuando creció se fue a tierras lejanas a buscarse un porvenir. Su madre moría de pena sin su hijo, pero entendió que tenía que irse; la comida escaseaba y Nicolás comía por tres y bebía por ocho; ella, con su potaje de coles y su leche de cabra, tenía de sobra. Cuando al tiempo Nicolás regresó al pueblo parecía un conde; bien trajeado, con la piel blanca como la nieve, se ve que no había trabajado al sol, y subido en un vehículo de esos que valen mucho. Todos le miraban envidiosos cuando compró el castillo de los duques. Pero al poco empezaron a aparecer mozas muertas, todas ellas con esos dos agujeros en el cuello que nos hicieron sospechar que un vampiro nos rondaba. Supimos que era Nicolás por varias razones, pero el hecho que no daba lugar a dudas era que seguía chupando de forma desmedida; todas las muchachas aparecían más secas que el cuerpo de doña Gertrudis, la maestra, que cuando fue exhumada para enterrar al marido estaba entera pero reseca, igualita que el maniquí de madera de Juana, la modista.
Tatuaje lunar![]() En noche de luna llena te tiendes en un lugar despejado, desnudo de atuendos que pudieran esconder cualquier rincón de tu organismo, y dejas que los rayos del satélite recorran tu cuerpo, que besen tu piel y acaricien tu alma. Dicen que, en muchos, la luna ha querido dejar su imagen señalada para siempre, como una dádiva que hace al hombre; son esos lunares perfectos y esféricos, que la mayoría de la gente posee. A veces, esos lunares no son plenamente redondos, sino que tienen formas desiguales; eso es debido a que, cuando el astro está perfilando su elíptica figura en la piel, la persona se agita. Lo mejor es estar inmóvil, sereno y confiado, y dejar que la luna dibuje su efigie en nuestra epidermis, lo mismo que un maestro de grabados lo haría. Por supuesto, no duele.
Persistencia![]() Una vez le conté a doña Federica treinta y tres estornudos seguidos. Y es que para esta mujer estornudar era un suplicio porque no podía parar. Sin embargo pienso que tal martirio ha tenido su recompensa; tantas veces le han dicho ¡Salud! que ya va por los ciento seis años. Con la letra E![]() Expertos en la espesura El estornino estiró el escote estornudando estridentemente. Ester, estupefacta, escribió expedita. “El Estornino estornudó, es evidente. Entonces, eso expresa el experto exhalado en los estorninos. Espasmo excelente, enorme en empuje, exento en excreciones, extraordinario” — ¡Eh, Esteban! —exclamó— ¡esto es estupendo! ¡El estornino estornuda! — ¡Espera, estoy excretando!— explicó éste. Embustero. Esteban estaba escondido, estrujado entre enredaderas, esnifando estupefacientes. Estornudó, escandalizando el entorno. El estornino, espantado, escapó. Ester escupió, enfurruñada. —Escandaloso enredador entremetido —especuló enojada. Enseguida escribió. — El empleado Esteban está expulsado; expele estornudos estrepitosos, estremeciendo el escenario experimental. El estornino “estornudador” escabullido. Equilibrios![]() Sueña que es un ermitaño y que se halla solo, meditando en la infinita serenidad del Sahara; se nota dichoso. Tal vez porque el eremita es feliz soñándose un águila que vuela pausado y venturoso sobre la inmensa quietud del desierto. Tiempo de Navidad![]() Apreciados amigos y lectores, son tiempos de paz y felicidad, y yo os deseo a todos mucho de ambas cosas. ¡Feliz Navidad! Tango![]() Se entrelazan mis piernas en las tuyas y nuestros cuerpos se fusionan, excitados, vehementes; la cadencia voluptuosa de la música nos embruja. Danzamos apretados, siguiendo el ritmo sensual que nos maneja como a marionetas sin voluntad propia.
Tus manos son lazos de rojo satén que sujetan mi cintura; siento que estoy ardiendo... Mis senos, tórridos oteros, se aplastan en tu pecho y sé que te están quemando. La pasión incontrolable nos aprisiona y nada más en el mundo importa.
¡Pero si tú no me gustas, pero si yo no te agrado!
Suspiro y en un atisbo de juiciosa lucidez percibo qué está ocurriendo —No te preocupes, cuando concluya este tango todo terminará –murmuro, trémula, en tu oído.
Prisas de hoy en día![]() Me lancé dentro del autobús al salir del trabajo; tenía que pasar por el súper y comprar algunas cosas, me dije. En la caja, al ir a pagar, no encontré mi tarjeta y eso que vertí todo mi bolso, en el cual había cachivaches inverosímiles que no recordaba haber visto antes. La gente se impacientaba mientras yo recogía todo de nuevo casi al borde del paroxismo. Al fin hallé dinero y pude pagar la deuda a la cajera que ya me miraba fastidiada. Agarré mi compra y corrí a la parada de autobús de nuevo; debía llegar a casa a tiempo de pasar unos apuntes, hacer la cena, planchar la ropa y, por supuesto, como hoy era un día de los menos ajetreados, darme un baño con esencia de lavanda. El bus se me escapó, así que hube de esperar al siguiente. Cuando me vi sentada en su interior me relajé con un suspiro. Al llegar a mi estación, el conductor, despistado como un cangrejo, casi me derriba pues no esperó a que terminara de bajar. Con el susto en el cuerpo, me lancé calle abajo aferrando las bolsas. La prisa me llevaba casi a volar, pero como yo no tengo alas aunque nunca lo recuerde, lo que hice fue dar un traspié y caerme de culo; el porrazo fue tremendo, pero no solté las bolsas. Mi marido, que salió de casa premioso como siempre, al verme me soltó. — ¿Qué haces? ¿Por qué te has sentado en mitad de la calle? —Pues ya ves, —le contesté impávida— es que estaba cansada.
Dedicado a Pitufina Triángulo con rima: El resbalón del garzón![]() Después de tamaña orgía, Tobías, se sintió como excremento; al momento fue al retrete, se desprendió del arete, regalo de tío Isidoro, y se metió al inodoro. Fue a tirar de la cisterna, mas fuera le quedó una pierna, así que con precaución se agarró por el talón y haciendo un acomodo se introdujo entero todo. Pero la providencia es tornadiza en potencia como liza, pues se acordó de Florencia y al instante de Sofía, dos pimpollos sin meollos de la orgía; esto atajó su matraca de colarse hasta la cloaca. La silueta vaporosa de Florencia apareció hermosa; sonreía. Y de rebato Sofía, oliente, con el perfume de oriente que tan viril lo ponía. Los recuerdos le venían y con ellos la alegría; el deleite de sus tactos, las caricias y los actos con pericias escabrosas. Con la cara maliciosa, Tobías salió del retrete, sonrió como un tolete, volvió a ponerse el arete, miró el espejo por verse y fue su fiel duplicado, su reflejo, quien le revivió el tinglado. Tres pies, muchacho has contado al levantarte, sin haberte equivocado— ¿Tres pies por debajo del edredón? — Sí Tob, tres pies y un bastón —contestó su figura con premura. Y con enorme cerote corrió a la alcoba. Un garrote de caoba asomaba del lecho, y de hecho, una zanca velluda de pie muy luengo. No cupo duda; era Pascual el rengo… y homosexual. Tobías Medina corrió a la letrina se metió en su zona interna y jaló de la cisterna.
La verdad está ahí fuera![]() Casi todos los días, una cinta blanca atraviesa por el cielo azul y se va extendiendo lenta e inexorable hasta desaparecer en el horizonte. Tata Makit dice que es el gran Parkú, el dios de la tormenta, que se entretiene desplegando los rayos que tiene guardados en el edén. No entendía yo entonces, por qué siempre que Parkú arroja sus relámpagos a la selva, a los ríos y a las montañas, éstos aparecen en zigzag y no rectos.. Tata explica que el dios sólo lo hace por entretenimiento y que más tarde, cuando se cansa, vuelve a doblar los rayos y los guarda en las nubes.
Hoy he vuelto a ver la cinta expandiéndose por todo el firmamento; he aguardado paciente, porque quería ver a Parkú recogiéndola de nuevo. Esperé y esperé pero no vi al dios enrollando la centella; la tira se fue deshaciendo sola hasta desaparecer, como siempre. Lo que yo ya suponía.
No le he dicho a abuela que, en realidad, la cinta no es un rayo, sino un pájaro enorme y brillante que vuela, dejando la estela de su paso, a otros pueblos lejanos; posiblemente más avanzados que nosotros, los kimunis. ¿Para qué iba a revelárselo? No me creería. |
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