Facebook Twitter Google +1     Admin


El andurrial de Espuma

Bienvenidos a todos los que quieran darse un baño de burbujas literarias.

Temas

Enlaces

Se muestran los artículos pertenecientes al tema Espuma medieval.

¿Quieren saber el desenlace?

20150428180142-corazon.jpg

Si alguien, de los pocos que vienen a visitarme, quieren saber cómo acaba la historia rimada de los amoríos de Don Juan y Gabino, pues nada más tienen que dejarme un comentario abajo, si no me dejan comentarios, imagino que a nadie interesará el desenlace de la historia rimada de estos pimpollos medievales.

¿Dejo las peripecias de estos dos semejantes sin terminar, ya que no interesa ni al gato,  o la acabo? 

Dudas... Indeciso 

 

 

 

 

Los ardores de don Juan (2ª parte)

20150428122115-edad-media.png

Gabino promulga airoso

que Don Juan será su amante,

candidato y demandante

de su cuerpo donairoso;

bucles de oro brillante,

boca grana, insinuante,

ojos de un verde precioso

como el mar perseverante,

talle de ánade elegante

como el cisne primoroso,

piel fina como el diamante,

nívea, clara y deslumbrante;

—¡Don Juan será venturoso!

Gabi enuncia rimbombante,

ideando que el lindante

notará que es hacendoso.

Se emperifolla tunante

con atuendo de volante,

de tul y encaje precioso,

gasas de grácil talante,

y plumaje extravagante

de algún pájaro curioso,

y se perfuma abundante,

con una esencia incitante

de flor de loto oloroso.

Luego lozano y flamante,

pródigo y exuberante,

con meneo lujurioso,

se dirige al colindante

anhelando estar delante

de su Don Juan valeroso.

 

Sigue...

28/04/2015 12:21 e1s2p3 Enlace permanente. Espuma medieval No hay comentarios. Comentar.


Los ardores de don Juan (1ª parte)

20150428121440-heroe-medieval.png

Allá en la ciudad de Trento

don Juan clamaba sin tino

quejando que su vecino,

aunque con barba y talento,

no era nada masculino.

Ll amábase éste, Gabino,

y su rostro era un evento

suave, nacarado y fino

como la flor del camino

o el pimpollo del sarmiento;

decía Don Juan, felino,

ora crespo, ora mohíno,

que su cercano y atento,

tenía, del ave, el trino,

melodioso y paulatino;

mas, su ira y descontento,

era porque el tal Gabino,

cual extasiado pollino,

le hacía lisonja lento

con talante femenino,

cual dama de alto tocino;

y le lanzaba con tiento

besos de miel, y el ladino,

le hablaba con desatino

de amor y enardecimiento

y de albures del destino,

enunciando que su sino,

su energía y su sustento,

era él , don Juan Merino,

gentil ,valiente y ...¡divino!

¡El gran hidalgo de Trento!

 

 

Sigue... 

28/04/2015 12:15 e1s2p3 Enlace permanente. Espuma medieval No hay comentarios. Comentar.

De labias y embelecos

20150327121903-carreta-medieval.jpg

—¡Tengo filtros para enamorar y vasijas henchidas de céfiros de lejanas tierras que quitan las aflicciones del alma!  ¡Recipientes repletos de suspiros de sirenas que inflaman los corazones y  pedúnculos de duendes dorados que fortalecen los testes de los varones y complacen el entusiasmo de las féminas!
¡Elixires de juventud que devuelven el vigor a los ancianos y ungüentos de belleza, elaborados por las hadas del bosque prodigioso, que conceden la hermosura más sublime!
  Mientras el mercader vociferaba atrayendo a numerosa gente, una primorosa dama acompañada de dos sirvientes se acercó.

  — Mi mayor gratitud, mercader —dijo— porque gracias a vuestros brebajes yo he enamorado a mis cinco esposos y más  tarde, extintos ellos, he aplacado el dolor de la pérdida con los céfiros que vendéis, puesto que mi pena fue enorme. ¡Ellos  supieron hacerme tan feliz, gracias a vuestros pedúnculos de duendes!

 La dama suspiró con delicadeza y siguió.

 —Sabréis que mis casi sesenta años son livianos como los nublos, gracias a vuestro elixir y mi piel lozana, lo cual sé bien que es debido a esos ungüentos de hadas...

Sin dejarla concluir la arenga, la muchedumbre se arrojó al tendal y los caudales pasaron raudos de las bolsas de los parroquianos a la faltriquera del mercader, mientras sus mercancías desaparecían como por ensalmo.

Al oscurecer, en el bosque, un carromato con proclama de ventas, recogía a una bellaca disfrazada de dama que lanzaba improperios. 

Sombras y hechizos

20060306172707-lechuza.jpg

Cuenta la leyenda que se convertía en lechuza por las noches.
Inés de Moncada; bella hija del conde de Moncada, hidalgo caballero del señorío de Castilla.

Acaso víctima de algún embrujo o quizá, por ser hija de hechicera, Inés, transformada en lechuza albina, recorría volando los bosques del feudo.

Se decía que todo viajero que se encontraba con el ave rapaz era atraído por sus ojos redondos y ambarinos y, quedando exangües y abatidos, se convertían en víctimas de la lechuza que les devoraba las entrañas.

Pero, enamorándose del hijo del marqués, quiso Inés que su maleficio acabase. Se encerró en un convento y cuando sus manos intentaban tornarse en garras ella se flagelaba, atajando la tremenda metamorfosis. Y cuando sus hermosos labios principiaban a convertirse en corvo pico, se laceraba consiguiendo que la mutación parase. Y si unos plumones blancos empezaban a brotar en su fina piel, se torturaba logrando que no se alterara su cuerpo humano.

Largo tiempo después logró su propósito de ser una mujer normal y casó con su amado.

En la noche de bodas el esposo despertó al alba. Otra vez la terrible mutación se producía.
Transmutado en chacal no pudo reprimir sus impulsos sanguinarios y a dentelladas despedazó a la novia.

Sapiencias del monje

20060118163223-frailes-burro.jpg

Sapiencias del monje


Del tomo yerbero: curaciones y alivios del alma y del cuerpo.
El hinojo.

El hinojo es una yerba que cura todos los males del bandullo: elimina las flatulencias y calma los retortijones causados por opulentas y opíparas pitanzas —mal del que adolecen muchos prójimos, ávidos glotones de manjares pringosos y orondos tocinos—, el hinojo es el amigo del vientre, dando bonanza y bienestar a la tripa.
Forja, el hinojo, que las ventosidades se obren más espaciadas, menos ruidosas y no desprendan desmedido tufo.
Hay personas que padecen la indisposición de expulsar vientos en abundancia, lo cual repercute desfavorablemente en su existencia causándole, esta fea lacra, ansiedad y congoja; este quebranto desparece si toma cada día tres tazas de hinojo, repartidas según su antojo. Aunque la primera de las jícaras ha de ser tomada en ayunas, pues es sabido que las tripas se hallan, entonces, libres de alimentos y por lo tanto más propicias a absorber los benéficos efectos de la yerba.

Las dolencias del mondongo, ocasionadas por no mascar bien las viandas, se alivian tomando una tisana de hinojo mezclada con menta. Los males de la mujer se aplacan tragando una pócima hecha con hinojo y dándose restregones en el bajo vientre con dicha poción.
Asimismo, esta beatífica planta, es provechosa para la vista y aquellos prójimos que padezcan por tener los ojos enardecidos e hinchados debe enjuagárselos con un cocimiento obrado con hinojo y mezclado con manzanilla.

El hinojo es un arbusto que se yergue, egregio y glorioso, desplegando sus umbelas de florecillas doradas para que todos los insectos, atraídos por su grandiosidad, se arrimen a ella y la fecunden.

Existe una yerba semejante al hinojo en su apariencia pero, en lugar de curar los males los acrecientan y forja otros aún peores, entre ellos el incremento de las ventosidades con pestilencia insoportable, las cuales llegan a ser desenfrenadas, fraguando incluso que cuando el prójimo conjeture que sólo va a expulsar gases, llegue a evacuar diarreas incontinentes, liquidas y apestosas. Enfermedad llamaba “flojera de vientre”, que es muy dolorosa y bastante violenta, por lo que el enfermo no puede siquiera salir de su morada, so pena de aflojarse en cualquier momento.

Este ponzoñoso arbusto se muestra parejo al hinojo, por lo que debemos ir con comedimiento al recolectar, pues tal diabólica planta se enmascara, cual si fuera matojo del mismísimo Luzbel, para forjarnos deterioro en el cuerpo y con ello terciar al detrimento del alma.

· Fray Jacinto.


*Año 1.532 de Nuestro Señor Jesucristo.

Guapos, ricos y elevados

20051201180419-trovad03.jpg

—Sois guapo y sois rico, ¿qué más queréis Federico?—dijome él.

—Sois joven, sois guapo y tenéis dinero, ¿qué más anheláis Baldomero? —dijele yo envidioso de sus dotes.

—Sois apuesto, sois rico y curtido ¿qué más ambicionáis amigo?—contestóme él al punto.

—Sois efebo, sois galano y acaudalado, y disfrutáis de la femenil pasión ¿qué más deseáis sinvergonzón? —exhortéle con insistencia.

—Sois guapo, sois rico, versado y además me dais de lado ¿por qué lo hacéis renegado? ¿No veis que ardo de amor y por vos ando extasiado? —declaróme entonces él con vehemencia.

—Estáis de chanza, conjeturo—dije yo zanjando la antología y asaz amilanado.

—¡Os amo Federico!—fue la ardorosa respuesta.

Y aterrado me alejé de allí deprisa, sin atender las réplicas de Baldomero que me emplazaba a permanecer a su lado.

—Sois galán, sois instruido, sois rico ¿qué más queréis Federico?—me iba yo recriminando a mí mismo con rabia, mientras huía como alma que lleva el diablo.
Ciertamente; nunca estamos satisfechos.— La cabra de María da más leche que la mía— me reprobé con sorna.



Sólo apto para damas.

mediev.jpgCuentecillo picaresco medieval, rimado y festivo.

—Este bicho me importuna, —quejóse doña Beatriz— ora se posa en mi cuello, ora vuela a mi nariz, pronta se pone en mis labios y más presta en mi cerviz.
—No os azoréis, señora —contestóle don Tomás— que yo acabo con la bestia en menos de un pestañeo. ¿Y mi espada?, no la veo...
—¿Bestia decís? —señaló ella pasmada— tan sólo es un insecto; impertinente y molesto, pero diminuto. Acaso vuestro ardor os engaña; no es ninguna alimaña.
—Pero punza con gran saña, lo mataré en un minuto —replicóle el varón, chinchoso— ¿Dónde está?
—¿Preguntáis por vuestro acero? —expuso la dama, mordaz.
—Mi espada ya la sostengo; por la mosca os inquiero —dijo él con fingida paz.
—La mosca se halla en mi busto, —indicóle Beatriz— recorre rauda mi escote; parece que le da gusto..., ¡ahora asciende al cogote!
—No la veo, mejor me arrimo... ¡Ah, qué susto! ¡Vaya lote! —bramó el hombre.
—¿Os da, una mosca, cerote? —preguntó ella, insidiosa.
—No es la mosca, no es el bicho... —tartamudeó él, mientras, pegado su rostro al pecho de la dama, babeaba, y refutóle— os he dicho.

Y la mosca, que se hallaba en uno de los senos de la mujer, alzó el vuelo y despareció por el postigo.

—Ya os digo —manifestó Beatriz entonces, guiñando un ojo a la asistencia— mañas y ardides no son solamente del demonio. Este año, amigas mías, yo cataré el matrimonio.

Y se baja el telón, entre risas femeniles. Se terminó la función.




Archivos


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris