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El andurrial de Espuma

Bienvenidos a todos los que quieran darse un baño de burbujas literarias.

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Décima: de viandas y otros menesteres

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Permítanme compañeros,

ya que andamos con pitanzas,

aludir a mis pucheros;

sápidas son mis garbanzas,

exquisitos mis corderos,

sé cómo agradar las panzas,

mas de amores y sus fueros

nada sé; las alabanzas

me vienen por los calderos,

¿alguien me ofrece enseñanzas?

El Entretenimiento: Arenga rimada entre Baldomero y Celestino

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B. - ¿Es el sol aquel lucero

      que brilla allá en lontananza?

 

C.-  No. Es el ojo de Constanza

       que mira con desafuero.

 

B.-  ¿Decís el ojo?

      ¿Acaso es tuerta?

 

C.- Sí; se atizó con el cerrojo

      mientras cerraba la puerta.

 

B.- ¡Santo Cielo! ¡Mala suerte!

      en verdad, malaventura.

      Mas, es peor aun la muerte

      que a Esa nadie la cura.

 

C.- Ciertamente; que no venga,

      mas son sus males a pares,

      que la dama quedó renga

      cuando se hallaba en los mares.

 

B.- ¿En los océanos viles?

      ¿acaso estuvo luchando

      con piratas zascandiles?

     

C.- Pues no, que se hallaba solazando

     en el mar de Los Candiles.

     Tenía ella quince abriles

     cuando quedó cojeando.

     Ya sabéis, que hay a miles,

     en esas playas nadando,

     de tiburones, estoy hablando...

    

B.- ¿Decís que los tiburones

      mutilaron la pierna de la mujer?

      ¡Indescriptible llega a ser!

       Mas, decid, ¿hasta los jamones?

 

C.- Hasta la misma bragadura,

      que si no es por un marino

      que la agarró..., un tal Rufino,

       no lo cuenta, la criatura.

 

B.- Pero... ¿se estaba bañando

    en piélago tan bravío y fiero?

    ¿Un baño se estaba dando?

C.- Que no, señor Baldomero,

      que tan sólo estaba holgando,

      metió la pierna primero,

      para irse refrescando,

      pues aún siendo en enero

      el sol estaba abrasando,

      sentada estaba, en lindero,

      y donde el mar iba dando,

      y el talón hundió ligero...

 

B.- Deduzco. Los peces iban pasando...

     y... ¡Es tremendo Celestino!

     ¡Cada cual tiene un destino!

     y aunque vayáis soslayando...

     Pero aún sigo pensando

     que fue propicio su sino.

     La muerte estuvo rozando...

 

C.- Cierto es, pero hay más penas,

      para la pobre Constanza,

      y es que esa dama tan buena...

      ya veis, sufre malandanza.

 

B.- ¿Más desgracias? ¿Más reveses?

      ¿Y qué más cuitas padece?

      ¡La vida es tan vil a veces!

    

C.- De un brazo sufre carencia

     y de la otra mano, tres dedos,

     no inquiráis por la incidencia

     que nada sé de sus ruedos.

 

B.- ¡Cielo Santo! ¡Santo Cielo!

      ¡Tuerta, lisiada y manca!

      ¿Y es calva o posee pelo?

 

C.- ¿La conocéis? Sí que es calva,

       como, del río, el guijarro,

       y es que una vez se echó barro,

       que le afirmó una tal Alba

       que era eficaz para piojos,

       mas todo era un desbarro

       y Constanza, cual despojo,

       con calva monda y lironda,

       la interpeló con enojo

       y la tal Alba, por hacer ronda,

       contestóle sin sonrojo:

-¿Qué no es cabal para piojos?

pues tu mollera redonda

libre está de esos gorgojos.

  Y mientras, reía, oronda.

 

B.- Coja, manca, calva y tuerta...

     no cabe más desventura,

     mejor que estuviera muerta

     y así se arranca su agrura.

 

    C.-  ¿Muerta? ¡Vos os contrariáis!

           ¿no dijisteis que la Muerte

           es temible y sin enmienda?

           Mirad bien lo que opináis

           que vuestro juicio no es fuerte.

           ¡A vos no hay quién entienda!

 

   B.-  Cierto es, mas vos sabéis

          que tiene pocas bonanzas

           la pobrecilla Constanza...

 

 C.-    Ninguna tiene, la desdichada,

          mas, como no existe...

          pues que si no esta charada

          sería azarosa y triste.

          ¿Quedó bien la parrafada?

          

  

  B.-   Regular: y de refinarnos hemos,

          Mas, mejor esto que nada,

          que estos juegos tan jocosos

          que vos y, yo junto, hacemos,

          me agradan más que los cosos, 

          y que las justas o las gradas;

          ¡Me embeleso cuando gloso!

 

C.-   ¿Mañana a la misma hora?

        traeré nuevas andanzas

        ¿Serán de la triste Constanza?

        ¿O acaso de la gentil mora?

 

B.-  Mañana, mi buen Celestino,

       yo discurro el personaje,

       que es mi turno y yo imagino.

       Encarnaremos a un paje,

       e hilvanaremos su sino,

       sus peripecias y gajes.

        

C.-  Convenido está, en tal caso,

       que es instancia razonada,

       ¡Hasta más ver, Baldomero!

       me voy dando el primer paso

    que la ruta es dilatada.

 

B.- Con Dios vayáis, Celestino,

     y bien tomad estas viandas

     para abreviar el camino,

     que todo varón que anda

     la panza le forja trino

     y se agita con demanda.

     Os dispuse hogaza y vino.

   

C.- Agradecido me hallo,

     os devolveré el halago

     que obligado es Celestino.

     Mañana mismo lo hago.

     y más no hablo, ya callo,

     y me alejo. Adiós, vecino.

 

B.- ¡Ah, ya está cantando el gallo!

      Con Dios, mi buen Celestino.

 

    

espuma

Poema nº 13

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Este es el poema trece
peligroso y macanudo,
el lápiz se torna un nudo
y mi pesadumbre crece;
intento pensar agudo
pero yo misma ya dudo.
¿A ustedes que le parece?,
es que es arduo y peliagudo
hacer un verso carnudo
si es el número trece.
No saldrá por el embudo
algo decente y sesudo
que ni ojear se merece,
y es que desato y anudo,
ato, trabo y desanudo
lío, aflojo... ¿y qué aparece?
un caos obvio y desnudo,
espinoso y puntiagudo
con perfil número trece;
del doce al catorce sudo
causante, el trece que aludo,
que avasalla y prevalece
furioso, hosco y ceñudo
como déspota membrudo
que atosiga y enloquece;
parece templado y mudo
pero es fullero y picudo
y por eso me apetece
dejar aquí al testarudo
maléfico, vil, sañudo
y... digno número trece.






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