
Yo búho quisiera ser
para encajarme en lo alto
de una rapsoda de ayer,
de una rapsoda mujer,
en su pelo de cobalto.
Lanzaríamos quimeras
viajando de cueto en cueto
y allá en las horas postreras
haríamos amuleto
de cualquier flor en aprieto,
de corolas lastimeras
que ponernos en el peto.
Retaríamos al cielo
recitando las canciones
inspiradas en hurones
o emanadas desde el hielo,
seríamos campeones
en embargar a un abuelo
con la voz de terciopelo
volcada en bellas pasiones.
Como el viento nos llevara
de vueltas por el planeta,
a mi rapsoda la esteta,
buscaría que inspirara
desde la A hasta la Z,
no una mosca o una cuchara
sino la extraña veleta
de un castillo con menara
que a los dragones parara
y a Medina y a Pizcueta
por la noble Catalina,
que por ser dama tan fina
tiene seno en vez de teta.
Pero qué digo, qué apuesto,
soy anónimo y disfruto
de este estado si me acuesto,
o cuando tengo impoluto
de carne fresca o de fruto
mi casa, el carro o el cesto.
Y vamos... que ni me inmuto,
o me pongo un nombre presto:
veamos, soy... ¿Sisebuto?
¿Es este un buen atributo
para un búho señorito?
Decid algo sobre esto...
que he pedido ayuda a grito
para no llamarme Ernesto,
que es este un nombre funesto,
venga, juglar, yo lo admito,
soy un búho y no discuto,
pero dime si permito
que me llamen Sisebuto...