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El andurrial de Espuma

Bienvenidos a todos los que quieran darse un baño de burbujas literarias.

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Ensueños

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Ahora, antes de dormirme, cuando ya acabado el día de trabajo, ya apagadas las luces de toda la casa, cuando llega la hora de entregarse a los brazos de Morfeo, pero un poquito antes, me ha dado por pensar en mi niñez, antes de conciliar el sueño me sumerjo en tiempos pasados y felices, esas noches en que de niña, arropada y dispuesta al sueño, oía, enojada, los ronquidos de mi queridísima mama-tía, que dormía en una cama al lado mío, y escuchaba el gemido del viento fuera, soplando furioso en el tejado. Ese viento que  a muchos les daría aprensión a mí, en cambio, me serenaba, me apaciguaba de los juegos alborotadores y cansados diarios, de la escuela con la maestra riñéndome, de mis problemas de niña. Ese viento, aún hoy, surte el mismo efecto en mí cuando estoy ya en la cama dispuesta a dormir;  cuando oigo llover fuera y percibo el viento mis párpados se empiezan a cerrar tranquilos, entregándose al sueño con una paz y un sosiego casi milagrosos.

He comprobado, que ante los problemas y contrariedades del día a día que no son pocos, antes de dormir, lo que más me relaja es eso, pensar en mis vivencias infantiles, incluso ha habido veces en que yo misma me he sorprendido con una sonrisa al sentir tan vívidos esos recuerdos: evocar las ocurrencias de mi tía, las palabras raras y estrambóticas de mi madre, ya que ella tenía palabras que yo estoy por creer que se las inventaba, porque eran dicciones extrañas, que sólo oía a ella, vocablos no sé si aprendidos de sus familia o ideadas, palabras geniales que hoy recuerdo con tanto cariño y humor, ¡Lo que daría por oírlas de su boca de nuevo!.

Rememoro  las historias de mi padre, esas historias que nos contaba a muchos niños en los días de lluvia, sentados todos muy quietos escuchando alrededor de la chimenea. Las peleas de mis hermanas, los cariñitos de ellas, tengo tres hermanas mayores que yo, hacia mí, la chiquita de la casa… recuerdo, recuerdo… ¡tantas vivencias preciosas, tantos hábitos perdidos ya, tantas rutinas maravillosas!

En fin, que encontré mi terapia para relajarme y es extraordinaria. Muchos dicen que estar a menudo  recordando  el pasado es síntoma de vejez o de tristeza, pero yo no estoy de acuerdo.  Para mí es volver a “vivir” con muchas de las personas que más he querido, es sentir de nuevo los ecos de sus voces, los halagos y mimos que me dieron, el calor de sus abrazos, las sonrisas de sus labios… Además poseo un don, para mí lo es: He podido apartar los malos tiempos pasados y recordar sólo los hermosos. Y esos momentos que no eran buenos, pero tampoco  terribles, he logrado darles la vuelta y volverlos si no estupendos, sí humorísticos, agradables. De esto el mérito es del tiempo,  ya sabemos que el paso del tiempo calma el dolor y enmascara lo malo volviéndolo si no bueno, sí aceptable, menos doloroso.





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