El andurrial de EspumaBienvenidos a todos aquellos que quieran darse un baño de burbujas literarias porque tenemos relatos, odas, cuentos y ocurrencias zascandiles.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2005. LOS OJOS DEL CORAZÓN Caminando por el campomientras contemplo las flores, insectos y mariposas de variopintos colores, voy pensando en mi destino salpicado de temores, de abrojales y de espino. ¿Qué misterioso sentido hará que apesten las rosas, que todo esté corrompido y muerdan las mariposas, cuando el sufrimiento invierte el sentido de las cosas? Si en cambio vives feliz, suena el llanto a carcajada y la penumbra, un matiz, haciendo que la mirada arranque luz y color, aunque sea noche cerrada. Goreño Incesante ¡Ay, corazón, qué difícil calmartecuando en ti se agolpan tantos sentimientos!, no hay entonces lógicas ni discernimientos que logren siquiera un poco aquietarte. Quisiera tener el poder de instigarte que son primordiales los conocimientos, que es la razón dueña de los vientos, y tan sólo eso debiera bastarte. No es el afecto quien ha de ablandarte, no es la ternura, ni los miramientos, no es causa propicia sentir nobles tientos, si no se domina qué pueden causarte. Por sentir, ahora, sientes asfixiarte, ¡No ves, corazón, cuántos sufrimientos! ahora tú penas tus negros tormentos porque aquél que amas ya no quiere amarte. Y si ahora supieses cómo comportarte... y si esos martirios fuesen escarmientos... mas, no son tus dotes para entendimientos, y forzosamente... vuelves a extasiarte. Método racional Después de perder a su querido Rufo bajo las ruedas de un enloquecido camión, Emilio juró no poseer un perro nunca más. Y se compró un gato. Pero su latente predisposición por los canes no le permitió tratar al minino como tal. Ataba al animal, al que llamó Garufo, de una cuerda y lo sacaba a pasear, haciendo que el pobre bicho se retorciera frenético e incómodo ante esta actitud absurda, le arrojaba palos para que fuera a buscarlos, le ordenaba que le diera la patita... y cosas así de extrañas. El felino, ante la insistencia tenaz de su dueño, al fin claudicó; quizá curtido por sus pertinaces enseñanzas o tal vez se acomodó a su destino perruno, el caso fue que aprendió a traerle los palos lanzados y a caminar atado, tan mundano como el más refinado perro. Lamía cariñoso la cara de su dueño, e incluso orinaba en los árboles del parque levantando la pata con garbo canino. El día en que Garufo aprendió a balbucear su primer ladrido fue el día más feliz en la vida de Emilio. Exceptuando quizá aquella vez que Rufo, en silencio y muy absorto, leyó un cuentito de Monterroso. |
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